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Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile

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La importancia de los bosques peri-urbanos

Javier González Molina. Decano Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza

Javier González Molina. Decano Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza

En los últimos días se ha producido una noticia en relación a un bosque esclerófilo, en la comuna de La Florida, el cual por la intención de cambio de uso podrías ser talado, total o parcialmente para dar lugar a nuevos complejos urbanos, entre otros, en algunos casos a viviendas sociales, en otros de más alto índice.

Hace aproximadamente dos décadas, Santiago, debido a precipitaciones un poco superior a lo normal, sufrió una de las peores avalanchas en la comuna de Macul, que afectó hasta La Reina y parte de Ñuñoa, ello debido principalmente a un talaje importante de bosque nativo que existía en la quebrada de Macul.

El bosque cumple una función determinante en el balance hídrico de cualquier ambiente, sea rural o urbano. Con su follaje protege al suelo del impacto directo de la lluvia, con sus raíces, permite una regulación del régimen hídrico que se hace más lento en su absorción, así como su liberación a la atmósfera a través de la transpiración de la vegetación.

El bosque mantiene al suelo en su dinámica, algunos recordarán el caso del Riñigüe, o más recientemente, los rodados en Brasil y Colombia, con lamentables pérdidas humanas por precipitaciones excesivas. El bosque además provee de sombra, para una mejor habitabilidad, tanto en la ciudad como en lo rural, donde puede derivar a los aspectos turísticos.

Pero tal vez lo más importante es que transforma el CO2 en O2, es decir provee la materia esencial para la vida del ser humano y la fauna en su totalidad. Permite la corrección de torrentes, incluso se puede regular el régimen o dinámica de un río, resguardando adecuadamente sus riveras.

En Chile, gracias a la Ingeniería Forestal, hemos creado un recurso a base de plantaciones de aproximadamente, 2,4 millones de ha, que poseen un crecimiento de cerca de 42 millones de m3 anuales y que alcanzan para cumplir con los requerimientos industriales, en toda la gama de transformaciones, celulosa, madera aserrada, tableros, construcción y progresivamente, bajo distintas tecnologías ene energía como biomasa.

El bosque nativo, en cambio, con un poco más de 13 millones de ha, se desarrolla desde los tamarugales por el norte hasta los Nothofagus por el sur, coigüe, lenga o ñirre. Un escaso 2% de toda la producción industrial forestal, ocupa parte de este bosque, con el fin de regular su crecimiento e impidiendo a la vez que el bosque alcance su sobre madurez y perezca.

Ese bosque protege la fauna, permite la biodiversidad, además de la flora, en el sotobosque y permite actividades de turismo y la elaboración de productos no madereros, tales como los hongos comestibles, miel, productos farmacéutico, piñones y servicios tales como el ecoturismo y el etnoturismo.

En la medida que conozcamos más nuestros bosque y el rol fundamental que realiza el Ingeniero Forestal, estaremos más alerta en relación a la función que cumple nuestro recurso natural renovable. En países como Estados Unidos y solo para citar una Universidad del estado de Nueva York, el ESF (Environmental Science and Forestry), todos los aspectos urbanos y periurbanos, de agua, suelos, paisaje, armonía con la arquitectura están regidos y vigilados por la Ingeniería Forestal. Esta es la carrera del futuro, para un Chile sustentable. 

Javier González Molina
Decano
Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza

Viernes 16 de diciembre de 2011

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