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Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza, Universidad de Chile

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Facultad de Ciencias Forestales y Conservación de la Naturaleza

Diminutos bosques pueden paliar la falta de áreas verdes y frenar el avance del desierto

En noviembre de 2015, Sharma plantó este bosque y 9 meses más tarde están los resultados.

En noviembre de 2015, Sharma plantó este bosque y 9 meses más tarde están los resultados.

En medio del desierto, en Jaipur, en la India, se levanta esta franja de 65 mil árboles plantados en 2016.

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En Holanda: un bosque urbano plantado en 2017 por niños, cuenta con 600 árboles.

En Holanda: un bosque urbano plantado en 2017 por niños, cuenta con 600 árboles.

Sharma vendrá a compartir su experiencia en el IX Congreso Iberoamericano de Control de la Erosión y Sedimentos (Santiago, 26-28 septiembre), organizado por la Universidad de Chile, Unesco e IECA.

Sharma vendrá a compartir su experiencia en el "IX Congreso Iberoamericano de Control de la Erosión y Sedimentos" (Santiago, 26-28 septiembre), organizado por la Universidad de Chile, Unesco e IECA.

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En patios, estacionamientos, bandejones de carreteras y terrenos baldíos se están creando pequeños bosques nativos que crecen 10 veces más rápido que en estado natural.

La fórmula para hacer crecer un bosque diminuto parece simple: un espacio similar al de una cancha de tenis, arbustos de distintos tipos y tamaños y una diversidad de árboles nativos (3 a 5 renovales por metro cuadrado). A esto se suma un suelo donde el sustrato original se mezcla con restos vegetales, abono animal y compuestos que ayudarán a absorber y retener el agua y enriquecer la tierra donde todo esto crecerá. Luego regar y esperar.

Dentro de 2 a 3 años se habrá obtenido un bosque con árboles de hasta 8 m de alto -10 veces más rápido que un bosque natural-, tres veces más denso que una plantación convencional y 100 veces más diverso. Además, este no requerirá mantención, fertilizantes, ni más riego que el que provee la naturaleza.

Shubhendu Sharma, ingeniero industrial y emprendedor social indio, es uno de los pioneros de la creación de estos minibosques a través de su consultora Afforestt. Desde 2011, está empeñado en devolverle al planeta los bosques nativos perdidos.

El déficit de áreas verdes urbanas, la creciente deforestación, la degradación de los suelos y el avance de los desiertos requieren que esto se haga rápido y los pequeños bosques comiencen a multiplicarse.

Una franja verde

Densos, frondosos, desordenados, diversos, acogedores con insectos, aves y otra fauna, Afforestt ha levantado estos bosques nativos en más de un centenar de lugares tan disímiles como el desierto de Rajastán, patios de casas, un parque en Holanda, edificios corporativos, sitios eriazos y más.

Sharma vendrá este mes a compartir su experiencia en el "IX Congreso Iberoamericano de Control de la Erosión y los Sedimentos" (Santiago, 26-28 septiembre), organizado por la Universidad de Chile, Unesco y la International Erosion Control Association. Desde Bangalore, India, explica a "El Mercurio" la base de la técnica que aplica y que aprendió del botánico japonés Akira Miyawaki.

"Usamos solo árboles nativos, porque estos crecen apoyándose entre sí, entonces lo hacen más rápido. Plantamos tres a cinco árboles por metro cuadrado, para así llenar todo el espacio, y eso hace que, al crecer, los individuos compitan por la luz solar, con lo que crecerán hacia arriba más rápido que si se plantaran distanciados".

Finalmente, el suelo se enriquece mezclándolo con biomasa local para ayudar a retener el agua y se introducen microorganismos que nutren la tierra.

"Lo que esto hace es cambiar la metodología de forestación: no se plantan árboles individuales, sino bosquetes para que los árboles se hagan más fuertes", dice el hidrólogo Pablo García Chevesich, presidente del congreso.

La Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile ya inició un piloto con boldos, peumos, quillayes y otros árboles nativos en un terreno totalmente árido y erosionado en Tiltil.

Para García los minibosques pueden ser una alternativa para enfrentar la degradación que afecta al 75% de nuestros suelos y el avance del desierto a un metro por año.

"Absolutamente. Y deberían hacerlo antes de que sea demasiado tarde", coincide Sharma. En este caso, añade, en vez de parches como se hace en la ciudad, "se planta una larga franja de bosque que puede bloquear en forma efectiva la expansión del desierto".

Noticia publicada en El Mercurio 6 de septiembre de 2018

Viernes 7 de septiembre de 2018

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